Buscando en el baúl de los recuerdos… (uhhhh)

3 10 2007

salesianosHoy, por casualidad, he encontrado una web que no veía desde hace mucho tiempo. Hace unos cuantos años, cuando aún andaba yo por los salesianos, colaboraba con la sección de literatura del periódico del colegio. No es que hiciese gran cosa, una prosa poética cada 3 meses y creo que también publiqué una poesía, pero no la encuentro (recuerdo haberla escrito en el coche, volviendo del entierro de mi abuelo, que en paz descanse). Reconozco que alguna vez lo hice solo porque a las chicas del colegio les gustaba mi manera de escribir (cada uno tira por donde sabe, oigan ustedes). Un par de años después me avisaron de que los periódicos estaban digitalizándose y que podía encontrar en la web aquellos textos que pensaba perdidos. Cuando los leo ahora alguno se me antoja ñoño o de expresión floja, pero aún sigo sintiéndome orgulloso de haberlos escrito, cada uno cuenta una historia, todas ciertas, inspiradas en algo que en aquel momento era importante para mí.

Aquí os las dejo, por si tenéis ánimo de leerlas, junto con el curso en el que estaba cuando los escribí y alguna aclaración.

Del amor y otras lenguas muertas

Una vez, cuando me miré al espejo, tuve la suerte o la desgracia de conocer a un curioso caminante. Se había propuesto una meta, escalar la montaña de las penas y el olvido, hubo gente que nunca vio esa montaña, la más abstracta del mundo. Al instante cogió su petate y se lanzó hacia el camino. Cuando legó a la cima se detuvo para contemplar lo que había conseguido, miró al cielo en el cual brotaban mil girasoles azules, abajo, en la tierra, un tapiz verdoso acolchaba los pies del soñador. Observó este que justo en el medio de la planicie se hallaba una rama de laurel. La cogió y se la acercó al rostro.

Al aspirar su perfume se enamoró perdidamente de ella, cerro los ojos. Se vio a sí mismo moldeando el cuerpo femenino del laurel, marchó a tierras lejanas en su busca, luchó en guerras donde cayeron hombres y murieron corazones. Y cuando abrió los ojos se encontró ahí, en la cima de la montaña, con su laurel en la mano, y pensó en llevarla por la fuerza y ser feliz, pero pronto entró en razón, la dejó en el suelo y partió.

Inundó sus palmas llorándole en silencio, no obstante, su olor se le impregnó en el cuerpo, llevándola siempre con el, y nunca dejó de amarla. Ahora ya no me miro al espejo, porque te veo a ti. ¿Cuántos besos que eran tuyos he tenido que dar al aire? Lo siento, ya sé que quererte así es una exageración. Disculpa, pero no puedo vivir sin tu sonrisa. Perdona, amarte de esta manera nunca entró en mis planes. Y no es que lo haya perdido todo, es que sin ti jamás tuve nada. ¡Como te hecho de menos esperanza!

Daniel Cantos Pardo, 1ºC Bachillerato

Podría y no quiero

Agotada cualquier otra alternativa, mi vida, para amarte no me queda más que papel y lápiz. Y no es por falta de entusiasmo, pero no encuentro las ganas ni la inspiración. La pluma se mueve impaciente en mi mano.

Podría contarte cosas de las que nunca supiste, o que pasaste por alto. Decirte que nunca te quise, y mentirte, pues sabes bien que viví entre una mirada tuya y la siguiente. Hacer como si nada de esto hubiera pasado y cargar un bulto en mi espalda que no puedo ni estoy dispuesto a llevar. Explicarte cómo me sentía mientras tú intentabas ordenar palabras para no hacerme tanto daño… tanto daño.

Podría reventar en rabia y manchar el papel de odio y agua salada. Irme a cerrar los bares y compadecerme de mi mismo. Engañarme diciéndome “tu te lo pierdes”, y, como he dicho antes, mentirte. Contarte que me hace gracia tu forma de decirlo, como el que ha pensado, el que ha decidido, que seguimos siendo amigos. Podría mirar al techo pero he caido tan bajo que me daría vértigo. Seguír intentando convencerte, no te apures, se retirarme a tiempo. Olvidar mi pesimismo aunque vaya en contra de mi dogma, pues me crié en las mismas calles que Sabina.

Pasarme la vida buscándote un defecto y no encontrar ninguno, pasarla mirándote y hacérseme corta. Podría escribir todo esto, y mucho más, pero nada acertaría tanto como un simple y sincero “te quiero”.

*Las frases en cursiva provienen de la canción “Temblando”, de Hombres G.

Daniel Cantos Pardo 1ºC Bachillerato

Aquella noche nuestra

El viento sopla despacio, la vida pasa deprisa, la noche se está apagando, la luna ya apenas brilla. Ven conmigo, oscura compañera, y guárdame, te pido, estas vivencias pasadas que no son sombras, sino recuerdos. Mis torpes dedos no pueden ya sostenerlos y sangra furiosa mi mano la tinta con la que firma estas palabras, escribe impotente una historia en pasado que no puede cambiar.

Recuerdo aquella noche en la que estuve a tu lado. No había una sola estrella que no pudiera vernos. La luz de tu mirada apagaba la luna. Tranquilo el viento ahogaba los sonidos, sobraban las palabras, había cosas que sólo nos podíamos decir en silencio. Recuerdo tu mano cruzada con la mía. Qué hubiera dado por parar el tiempo y quedarme contigo en aquella noche para siempre, la noche amiga, la noche oscura, la noche en que sólo éramos tú y yo, sin el mundo, la noche nuestra, nosotros, rostro con rostro, latido con latido. Pero ahora… recuerdo la esperanza, recuerdo la ilusión, la alegría, la risa, la vida, y todas esas cosas que me dejé olvidadas allá donde estuvimos, en nuestra serena noche, a ras del cielo, tocándolo, tú y yo, nosotros.

El viento sopla despacio, la vida pasa deprisa, la noche se está apagando, la luna ya apenas brilla.

Daniel Cantos Pardo, 2º C Bachillerato

Nunca mates una golondrina

El cielo, el aire, la tierra, la inmensidad. El gran soplo del viento moviendo el mundo de manera perfecta. Una juvenil brisa entre las alas cortando el horizonte, fundiéndose con él, haciéndose uno. Y el sol, el sol dorado acariciando cualquier rostro que se atreva a mirarlo, sin distinción alguna. Las almohadas blancas viajando perezosas más allá de la vista, sin fronteras. De alfombra un verde azulado, de cumbre un azul verdoso, más que rivales, amigos, más que compadres, hermanos. Una sedienta lengua de agua pura arrastrándose camino abajo hacia el gran lago salado,
¿a dónde van los barcos? A pescar almas, ¿a dónde van las almas? Hacia los barcos. Las grandes llamas de piedra se alzan con el orgullo de la edad frente a los astros.

Miles de puños caducos se clavan en la tierra abriéndole heridas para crecer fuertes, para besar sus entrañas, para mamar de su éter. Y por encima de estos, ella, o tú, o yo, o todos, la verdad es que no lo sé. Sin rumbo en el timón, sin miedo en la mirada. Su canto, la perfección, su vuelo, la libertad. Ningún otro otoño verá lo que yo vi en aquella golondrina, bailaba con el cielo, bailaba para mí. Guárdense los escritos de los más grandes profetas que a mí, aquel segundo, aquella vida me bastan. ¡Qué dolor, qué angustia! ¡Qué rabia! Porque una lágrima de hierro y fuego sesgó lo que yo amaba, ¿por qué lloró en su pecho?, ¿por qué gimió en su espalda? ¡Qué dolor, qué angustia! Qué rabia cuando sonó, sonó la lágrima.

Daniel Cantos Pardo, 2º Bachillerato

Aún recuerdo todos los motivos por los que los escribí.

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